Creo que me toca dar un paso al frente y levantar la voz. Es momento para ello. Tengo el orgullo de conocer y contar con la amistad de Ángel Lamelas. Y estoy harto de juicios injustos, basados en los “comentarios de los comentarios” a un titular, sin base, y sin siquiera conocer a quien es de verdad Ángel Lamelas. Ángel es un currela que alimenta a su familia con su trabajo a turnos en Mercedes, y que luego, por la tarde o por la mañana según tenga el turno, quita horas a su ocio y a su familia para trabajar por los vecinos de Vitoria-Gasteiz. Y esto último lo hace por amor al arte, por compromiso personal, y porque la gente habla mucho, pero a la hora de arrimar el hombro, salen todos corriendo porque hoy toca pintxo pote, tienen prisa, o no se quieren perder el Sálvame de Putulux. Qué más quisiera la gente del movimiento vecinal que tener voluntarios de sobra para currar y comprometerse. Pero no. Eso sí, todo dios tiene una opinión sobre el asunto, pero tiene el mismo valor que nuestro ombligo: cero.
Parece que Podemos ha inventado la pólvora. Que hasta que llegaron ellos, los procesos de participación ciudadana en política no existían. Pues no. Mucho antes del manifiesto “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político”, mucho antes de la presentación en Lavapiés del 17 de enero de 2014, Ikune trabajaba día a día en muchos ayuntamientos del País Vasco, con el principio de que para conseguir cambiar las cosas hay que trabajar desde dentro de los Entes Municipales. Una labor callada, pueblo a pueblo, en contacto con la gente, poniendo en práctica día a día el principio de participación ciudadana durante los últimos 25 años. Es por ello que Ikune y Podemos tienen tantas cosas en común. Y dada la decisión que muchos, y yo me incluyo, votamos de no participar en las elecciones municipales con la marca “Podemos”, la existencia de Ikune en el País Vasco facilita el no perder la fuerza de la ciudadanía, crear una sinergia que puede conseguir que más de un partido político de la casta deje de sonreír socarronamente y empiece a tener sudores fríos.
Y volviendo al motivo principal de este escrito, poner la figura de Ángel Lamelas en el sitio que debe de estar en la historia presente de Vitoria-Gasteiz, quiero recordar algo que mucha gente parece o no conocer, o pretender olvidar de forma interesada. Una de las cosas que más se le echa en cara es “haber sido asesor personal de Maroto”, con el consiguiente sello de “PPero” bien grande en su frente para los restos. Pues bien, vamos a recordar la historia, que es objetiva y no se presta a interpretaciones literarias. Durante la campaña electoral a las últimas municipales, la FAVA lanzó el reto a TODOS los partidos políticos sobre la posibilidad de integrar a un representante del Movimiento Vecinal en la gestión del Ayuntamiento, desde dentro, que es donde se toman las decisiones. Una vez Maroto como alcalde, aceptó este reto y eligió al representante en ese momento del Movimiento Vecinal, que era Angel Lamelas con la figura de “asesor” en el equipo de Javier Maroto. Esa figura de asesor fue impuesta por el resto de partidos presentes en el Ayuntamiento, en lugar de un puesto de técnico interino, que hubiera sido lo adecuado al trabajo a realizar. ¿Por qué? Creo que es fácil de explicar, las consecuencias las sigue viviendo ahora al ser etiquetado. Cuando oímos hablar de estos asesores siempre pensamos “qué sueldazo cobran los señoritos” ¿Saben cuál fue el sueldo que Ángel Lamelas decidió? El mismo que él cobraba en Mercedes, ni un euro más ni un euro menos, (tuvo que pedir excedencia al ser un trabajo a tiempo total en el ayuntamiento). ¿Eso es ser un trepa? ¿Un aprovechado? ¿Eso lo haría cualquier asesor “normal” de los partidos de la casta? Vamos a poner las cosas en su justo valor. Y Ángel Lamelas comenzó su labor como representante de los ciudadanos, no olvidemos, hasta que decidió al cabo de unos meses de trabajo pro ciudadanos dejar el puesto por las zancadillas que principalmente estaban recibiendo desde el mismo Partido Popular al que pertenece el alcalde que pidió su colaboración. Ángel Lamelas dimitió, y volvió a su trabajo en Mercedes. Propio de un aprovechado, ¿verdad? Vamos a ser un poco serios, señores, y vamos a empezar a poner las cosas en su justa medida.
Hablemos ahora de la tan cacareada candidatura de Ikune al Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Es evidente que el movimiento vecinal, en representación de los ciudadanos, siempre será parte vital en una opción de Participación Ciudadana como Ikune. En los medios, tienen que vender su información, se han basado en los pocos datos que han conseguido, poniendo como protagonistas a dos o tres personas de cierta relevancia por su trabajo en pro de los ciudadanos de Vitoria-Gasteiz. Pero en la realidad, Ángel Lamelas, José Navas, yo mismo, somos sólo y únicamente las herramientas de comienzo para que TODOS los ciudadanos de Vitoria-Gasteiz que quieran hagan suyo este proyecto. Y mediante las herramientas informáticas de participación de Ikune, serán los ciudadanos que lo deseen, todos, sin importar su pensamiento o militancia, quienes decidan el programa, Y QUIENES DECIDAN QUIEN Y CÓMO IRAN EN UNA POSIBLE LISTA ELECTORAL. No sólo Podemos funciona así. Ikune lleva años haciéndolo, con los elementos de control necesarios para evitar paracaidismos ni protagonismos que no decidan los propios ciudadanos. Y si las personas que integran Podemos Vitoria-Gasteiz deciden unirse como ciudadanos a este proyecto, serán bienvenidos a algo que puede llegar a ser histórico en el movimiento vecinal de Vitoria-Gasteiz: la recuperación del Ayuntamiento para los ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad, y no sólo para depositar un voto en una urna en mayo del 2015, sino para participar en todas las decisiones que van a llevar a esta ciudad a un futuro: La necesidad de conformar un modelo de Vitoria-Gasteiz a 15-20 años, un modelo de ciudad sostenible, y no sólo en lo ambiental, sino en todos los aspectos que tocan la vida de sus habitantes. Y si, lamentablemente en lo personal, termina venciendo la opinión de la “casta de los sincasta”, de esas personas que creen tener más valor que el resto por gritar alto en una asamblea, por tener un pasado en el 15M, frente al voto callado en una plataforma informática de participación, un voto en conciencia tan importante o más que el grito en una asamblea, habremos perdido una ocasión única de hacer historia, y quizá alguno deba responder a ese 70% de personas que no votaron, a esas personas que votaron a EH Bildu sin ser abertzales como forma de protesta, y que ahora esperan entre ilusionados y expectantes a que, también en Vitoria-Gasteiz seamos capaces de conseguir recuperar el Ayuntamiento para los ciudadanos.